Un mordisco a la pura funcionalidad

Un mordisco a la pura funcionalidad

, 11 de octubre de 2015

Algo más que una marca prestigiosa y reconocida y algo más que una imagen ya icónica a nivel mundial. Hablamos de la marca o el “branding” más famosa del mundo: Apple. Encierra en sus productos toda una declaración de principios estéticos. Nada dejado al azar  y que va mucho más allá del objeto físico. Pretende conformar toda una experiencia vital a partir de todo lo que lleva el famoso logo de la manzana mordida.

Sí; me estoy refiriendo a la definición física y tangible, la forma final  y definitiva que adquieren los productos de Apple cuando reciben la luz verde para su comercialización y  puesta de largo en la calle. Es interesante saber cuál es el secreto del éxito y su gran aceptación por el público. Conocer la razón por la que todo lo que se desarrolla en Cupertino, California; sede de Apple, es la referencia. Y no, no todo se debe a su capacidad disruptiva y vanguardista en cuestión tecnológica.

Es por todos conocido que marca la pauta y las tendencias, no sólo en la mejora de sus productos ya existentes o en la audaz aparación de otros nuevos, dando satisfacción a necesidades conocidas o definiendo nuevas utilidades específicas que cubren de forma pionera otras nuevas de los usuarios. Necesidades que no estaban siendo atendidas. O ¿por qué no?, creando esas necesidades de la nada, y que los propios consumidores ignorábamos, o ni siquiera sabíamos que existían, nada que lo que el puro marketing no haya revelado.

En Cupertino, esa reputación casi de ensueño no sólo se debe al desarrollo de su exclusivo sistema operativo iOS o a las interfaces y todo el ecosistema de aplicaciones diseñadas externamente para él. Ayuda a impulsar ese sentido estético tan particular de Apple, es un todo integrado y coordinado para dotarlo de personalidad clara y reconocible.

Personalidad estética que viene definida por la búsqueda de la máxima utilidad y comodidad, la interacción intuitiva en el sistema operativo iOS exclusivo de la firma de Cupertino. Se trata de un lenguaje estilista muy de acuerdo con la personalidad y el pensamiento del gran creador del universo de la manzana mordida. Sí; hablo del difunto Steve Jobs. Gran empresario considerado por muchos como un gran visionario cuasi divinizado. Esa divinización entronca muy bien con el sentido y la personalidad que se ha imbuído a los productos de Apple. El concepto de buen diseño está asociado a la austeridad; a la eliminación de lo superfluo e innecesario que pueda comprometer esa funcionalidad del aparato. Se simplifica al máximo su estructura en pos de esa claridad y honestidad, No es nada extraño ni novedoso, el origen conceptual, los famosos diez principios del diseño difundidos por el ingeniero industrial de Braun Dieter Rams en las décadas de los  Cincuenta y Sesenta y del siglo pasado. Un decálogo del buen diseño minimalista que fué libro de cabecera estilístico de Jobs y el fundamento de los productos Apple.

Por tanto, la apariencia y el estilo de los iPhone o iPad se asocian a cuestiones de carácter moral y virtuoso que tanta importancia tenían para la sensibilidad mística y espiritual de Jobs traspasados al ADN de imagen de empresa. Fiel reflejo del Creador.

Es un sistema virtuoso que pone en relación todos los elementos que definen el ecosistema estético de Apple bajo una clara coherencia, integrada con un estilo reconocible de forma inmediata por el público. Es un producto Apple, no hay duda.

A todo ello, se une una puesta en escena trascendente en las multitudinarias presentaciones de producto que baten récords de audiencia en la Red. Un universo autónomo que busca no sólo clientes satisfechos, sino auténticos seguidores y feligreses para imbuirse de toda una batería de valores conceptuales y virtuosos y crear una comunidad de Hipsters que comulguen con esto. Hipster sí, son las víctimas más propicias de esta singular y peculiar política comercial. Todos aquí sabemos que es muy efectiva.

 

 

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