La tranquilidad de un Whopper y la campaña de Call of Duty

La tranquilidad de un Whopper y la campaña de Call of Duty

, 15 de noviembre de 2015

En momentos de excitación y contrariedad uno siempre recurre a sedantes que fusionan sí o sí en casi todos los momentos. Lo curioso es que no suelen ser saludables para nuestra salud física y realmente tampoco para la emocional pero nos ayudan a conllevar y canalizar esos momentos emocionales transformándolo en una explosión de sensaciones superlativas en un momento que te transporta a un mar de placer traducido de forma animal y biológica pero también en una marea hedonista de carácter psíquico; ¿Es la hamburguesa?, ¿es la mostaza? Sin duda es un momento familiar. Un «break» en el devenir cotidiano muy reconfortante.

Una hamburguesa de Burger King, o McDonalds de cualquiera de la extensa variedad de su menú, la que más os guste, esa que os haga salivar de forma inmediata e instintiva. Un acto reflejo automático; como Homer Simpson ensimismado pensando en sus chuletas de cerdo. Es fácil de visualizar ¿no?

Todo esto viene a colación de una noticia que leí en la plataforma destructoid.com donde se da cuenta de una campaña publicitaria de una cadena de hamburguesas, de promoción al famoso videojuego Call Of Duty en su tercera entrega (o decimo cuarta) a través de la Tex Mex Bacon Thickburguer, una hamburguesa enorme que ya se ve sabrosa sólo viendo la foto. Únicamente viendo esa foto uno empieza a salivar en acto reflejo propia del perro de Pavlov. ¿Hace falta más?, pues los señores del departamento de marketing de la famosa cadena de fast food y los desarrolladores de Call Of Duty piensan que sí, que no eso es suficiente. Necesitan algo de más impacto, algo más llamativo que esta «simple y vulgar» Tex Mex Bacon Thickburger. Poca cosa, debieron pensar los «cabezas pensantes» de ambas compañías. La promoción empieza en el solemne Día del Veterano en EEUU para más inri.

Por eso ver un anuncio publicitario de este calibre es tan fantástico. Un caso típico de la intromisión de la realidad más mundana y cotidiana en nuestra fantasía y realidad virtual en la que nos sumergimos digitalmente para disfrutar de un momento en otra realidad; un espacio temporal diferente al entorno monótono e insustancial en el que desarrollamos nuestro existir.

Un escenario digno del mejor videojuego con los gráficos más creíbles que uno puede esperar, donde se desarrolla una escena postapocalíptica de alto voltaje. Una marea continua y orgiástica de explosiones lo más flamígeras que uno pueda imaginar. Intenso!, muy intenso!. Todo ello sepultado en un mar de escombros de todo aquello a lo que llamábamos civilización, de todo aquello que llamábamos hogar. Una sádica sinfonía destructora. Un héroe solitario intenta paradójicamente, él solo, restablecer la cordura ante este inminente fin de los tiempos. Un héroe divinizado, todopoderoso y omnipotente, lo mejor del género humano, el superhombre, arquetipo de perfección apolínea. A imagen y semejanza de todo dios griego, la personalización de la luz, el bien supremo, la encarnación de la Justicia que lucha contra la inexorable oscuridad. Contra las fuerzas del Caos que se está apoderando de la realidad, del orden. No está solo,al lado de él combatiendo codo con codo nos encontramos a su mejor compañera, una SuperEva, lo mejor de la ingeniería del Botox y la Silicona de finales del siglo XX en canon de belleza decadente «recauchutada», con la mejor muestra de cirugía plástica bombástica con todo firme y a punto de estallar dentro de una indumentaria  supersexy y superajustada que mejora cualquiera de los sueños de todo un Gianni Versace en cuanto a artificiosa y depredadora seducción; enfocada a la pura atracción sexual. Atracción que aquí se presenta de otra forma para redondear el mejor sueño húmedo solitario de todo aquel espécimen masculino que sea capaz de desarrollar pelo púbico, pelo en pecho y una buena barba a lo geek o Hipster. ¡Sí!, otra vez está maldita tribu urbana que participa de todos los saraos que huelen a tendencia.

La situación es dramática, es el fin de los tiempos, un extremo existencial o punto de inflexión de lo más violento que una mente calenturienta puede imaginar contra un ejército de cybersoldados cuya frialdad contrasta con la tensión y la atmósfera caliente y densa de este mundo tan infernal.

Pero ete aquí, que de la nada y en ayuda del dios omnipotente que manipula y gestiona esa intensa realidad; el jugador (no nuestro macho héroe), aparece y con aparente plena autonomía un repartidor a domicilio de Carl`s JR (¿Qué haces ahí?,¡Tío te van a balear!) para darnos un break y para recordarnos que esto no es sino un fruto de nuestra imaginación!. Lo cotidiano por tanto se apodera del protagonismo mezclándose con la realidad virtual, esta dos realidades se introducen en nuestra fantasía apocalíptica como si la historia no fuera con él. ¡De repente el héroe se siente bien!, recobra el buen humor. Es tocar la Thickerburguer y notar que te vuelven las fuerzas por el puro despliegue de ese buen rollo que te despierta ya sólo ver semejante manjar,¿ una parada para comer?. Las sensaciones como dije se disparan desde el primer mordisco. Un mordisco que no es capaz de abarcar todo el volumen de la hamburguesa de tan grande y llena de condimentos que está. Nuestro héroe pone cara de que ha llegado a trascender la chusca realidad en la que estaba inmerso y se ha abandonado a un estado de sensaciones donde ya nada importa, tan solo el placer, la Gula, ese pecado capital cristiano tan extendido en nuestra hedonista sociedad actual. Una situación surrealista en una situación totalmente irracional. Una situación de lo más común e inofensiva como el reparto a domicilio contrastada con verdadera situación de guerra total y encarnizada.

Ese mundo ideal del vicio legal, del dejarse llevar que todos añoramos y que nuestro férreo control de la imagen, nuestra disciplina no nos deja ni rascar, ni disfrutar. Buscamos la felicidad ante la opresión del mundo. La industria fastfoodera juega con nuestras obsesiones y deseos. De momento es sólo fantasía ¿hasta cuándo?. Mientras tanto nos reiremos irreverentemente de ello. Nos pone frente al puro vicio y al pecado y sucumbimos, !Vaya si sucumbimos!


 

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