De gira en el Congo, por Marcos Coll. Viaje al corazón de la música

De gira en el Congo, por Marcos Coll. Viaje al corazón de la música

, 17 de diciembre de 2015
El mundo se ha perdido a algunos grandísimos músicos por la animadversión de éstos a viajar, y a otros también nos los perdemos por no poder viajar nosotros a los únicos sitios donde se puede escuchar su música en toda su esencia… En  mi caso como músico, de las mejores cosas que me da esta profesión es precisamente viajar a estos sitios, y encima con ¨pasaporte de músico¨. Y sin duda alguna, si me tuviera que quedar con un lugar en especial ése es Kinshasa, capital de la R.D del Congo.

Desde mi ignorancia, y a pesar de que no me falta curiosidad por conocer culturas diferentes, lo único que conocía de dicha ciudad, antes de que me ofrecieran tocar en el Festival de Jazz Internacional JazzKiff, era que allí se había organizado uno de los  combates de boxeo más míticos de la historia entre Mohamed Alí y George Foreman. Un combate que guarda mucha relación también con la música ya que en los actos previos tocaron leyendas como James Brown o BB King, que influenciaron la música local, o la reina de África, Miriam Makeba, la cual dejó a los músicos americanos boquiabiertos.

El vestuario de Mohamed Alí

Eso si, la excitación que tenía antes de subirme al avión rodeado de grandes músicos y amigos, ya que viajábamos tres bandas juntas, también era única. Y nada más aterrizar en el aeropuerto de Kinshasa, de tamaño de una estación de autobuses de un pueblo grande del muy mal llamado primer mundo, primer hostión…Un policía me pidió “dollars”, así sin más….y aunque el NO se entiende en todos los continentes ya sabes que te tienes que poner en guardia.
Hasta la llegada al hotel no pudimos ver mucho ya que en las calles, la mayoría sin asfaltar o llenas de socavones, el único alumbrado eran las fogatas….En unos minutos te das cuenta de que todo eso que habías visto en la tele de los ¨pobrecitos¨ africanos… era real.
Con las sensaciones a flor de piel llegamos al hotel, uno de mejores del país, que se veía que había tenido glamour en su época pero que hoy en día ya le habrían quitado unas cuantas estrellas si estuviera en Europa.
Como llegamos por la noche, de ahí nos llevaron a un club para cenar donde había música en directo. Nada grande. Creo recordar que un dúo o trío, y aunque era un club de los considerados para “mundeles”(blancos) ya se podía ver por donde iban las trazas… Todo el bar tenía puesta la atención en nuestra presencia y nosotros la teníamos en todo lo demás, los olores, luces, y por supuesto en  las escandalosamente guapas mujeres congoleñas que no paraban de venir a tocarnos el pelito. Por suerte nos fuimos pronto ya que al día siguiente empezaba el festival y ya no nos quedaba espacio para ninguna emoción más.

Cartelazo del evento en las calles de Kinshasa

Ya en la prueba de sonido el escenario no estaba nada mal, sobre todo comparado al resto de infraestructuras que habíamos visto antes. Un buen equipo y los técnicos….con un ritmo totalmente diferente hasta el punto de crispar al europeo acostumbrado a tenerlo todo en su momento y a su gusto. De hecho el concierto empezó dos horas tarde, cosa que al público que llenaba el recinto no le importaba lo mas mínimo. Al preguntarle al organizador si era normal me dijo con muy buen humor que en Congo las cosas empiezan cuando empiezan.

El primer día toqué con mi banda de Berlín, Rico McClarrin, Carlos Delalane, Lionel Haas y el gran guitarrista de blues francés, y responsable de que me contrataran para el festival, Fred PG. Con mucha expectación de ver como reaccionaba la gente hicimos lo nuestro y tuvo éxito, aunque nuestra atención estaba mas en otras cosas que en la música. Por ejemplo, una de ellas fue cómo después de la actuación, justo detrás del escenario, empezaban a lanzar fuegos artificiales sin ninguna protección. De hecho uno cayó en un edificio vecino y la gente lo único que hizo es cantar Fire, Fire, the roof is on Fire!!! Nosotros evidentemente ya habíamos entrado en su dimensión y lo estábamos pasando en grande con la gente que conocíamos. Esa noche me fui a dormir pensado que por el día esta ciudad te rompe el corazón y por la noche hace que lata con toda su fuerza….

Con Faye Peaches y Cadijo JP Carraro

El día siguiente tocaba con la cantante de blues de Chicago, Peaches Staten, con José Luis Pardo y un largo etcétera, acabando el concierto con el resto de músicos que venían de España y los músicos locales que se subieron a hacer una jam, y que en unos segundos y un par de acordes demostraron que sabían adaptarse perfectamente a cualquier tipo de música que hiciéramos. Fue una autentica fiesta, con gente del publico subiéndose a Bailar (con mayúsculas). Los ¨mundeles¨(tambien nuestros músicos afroamericanos eran así llamados) ya habían pillado el rollo!!!!!
Al día siguiente el festival ya había acabado. La gran mayoría de músicos regresaron a sus respectivos países, y yo me quedé con dos de mis músicos ya que teníamos otro concierto en la embajada de Alemania y habíamos decidido que nos arrepentiríamos toda la vida si no nos quedábamos al menos 15 días. Por supuesto fuimos a ver Bonobos y la naturaleza espectacular del país, pero nosotros ya habíamos tocado, ahora lo que queríamos era verlos tocar…..

Con Rico McClarrin, Fred PG…y la camiseta del Obradoiro

No tienes que ir a ningún concierto para escuchar música en Kinshasa, por eso se le llama la capital de la música en África, ya que en cualquier esquina o simplemente cuando están cantando al recoger los bares puedes oír cosas que en cualquier festival de world music arrasarían.
¿Por qué no lo hacen entonces? Con el ¨pasaporte de músico¨ que os comentaba antes tuvimos la oportunidad de acceder a sitios que son sólo para gente local, donde tocan y bailan toda la noche a un nivel que lo explica la frase que se dijeron entre dos de mis músicos afroamericanos: ¨después de ver a éstos, los brothers de casa me parecen unos blandos¨. ¿Por qué salvo Papa Wemba y unos pocos más no son mundialmente conocidos? Alguna opinión que escuché es que, si les dejaran, éstos arrasarían el negocio musical y claro, eso no es bueno para ciertos intereses… Otra explicación me la encontré en cuanto fui a grabarles un vídeo… ¡Ni una foto me dejaron sacar! Según muchas tradiciones de allí las fotos roban el alma, y lo que más nos atañe, la mayoría de ellos no tocan música pensando en grabar un disco, hacerse famosos, etc… es una necesidad vital como reír o llorar.
También vimos conciertos de grandes estrellas del país como Bill Clinton (sí, allí tienen nombres así) en el que literalmente la gente se subía al escenario a hacerse fotos con él, con una pasión que ni en los mejores sueños del otro Bill.
También entablé amistad con otro gran artista que había conseguido llevar su música fuera de África como es Jupiter Bokondji, el cual me invitó a su concierto y a su casa en su barrio de Lemba. A esas alturas ya llevábamos unos cuantos días y entre las pastillas para la malaria, que dicen que producen depresión, y el ver tanta Miseria (también con mayúsculas) nuestra cabeza empezaba a llenarse de sentimientos y emociones que nunca habíamos tenido. Estábamos alojados en la embajada alemana, que estaba blindada como si de una base militar se tratara y con todos los lujos; pero era cruzar la gran puerta de seguridad y lo que veías eran niños descalzos desesperados por llevarse algo a la boca. Ésto a todos nos fue minando y nos hizo replantear cosas.

Infraestructuras de conciertos locales

Pero claro, yo ya tenía mis ¨coleguitas¨ allí y no iba a dejar pasar la oportunidad de seguir disfrutando de su baile, su música y los pedazo fiestones que montaban por la noche. Conocí a un personajazo, Joaldo Domínguez, un venezolano que viajaba por toda África documentando música y me dio a conocer muchos músicos congoleños y me enseño los sitios a donde ir. A los de la embajada los traje por la calle de la amargura ya que allí se supone que no puedes ir solo a ningún sitio, (sí, es peligroso de cojones) y yo volvía siempre de madrugada o al día siguiente, ya que es imposible irte antes de que acaben esas bacanales musicales. Esa energía, ese feeling, ese no se qué mezclado con qué se yo, es algo que sólo allí y acompañado de cierta gente vas a poder ver y escuchar. Volvería a vivir ese riesgo mil y una veces.
Al llegar a casa estuve unos cuantos meses con la cabeza en otra parte, con el corazón roto, y con ninguna paciencia hacia los músicos que se quejaban que si el ampli que le habían puesto no tenia las válvulas del año que el quería, etc, etc… Desde luego me cambió la forma de ver el mundo y sobre todo de entender la música. Allí al único niño que vi llorar fue a un niño blanco que había en la embajada. Allí no lloran. Allí bailan, cantan o ríen, ya que saben que eso es lo único que les va a ayudar. Sad and Beautiful World
PD: Si quieren saborear un pequeño bocado de lo que les hablo les recomiendo la película Benda Bilili, Staff Bilili, un galardonado documental que cuenta la historia de un grupo de músicos paralíticos que arrasan festivales de World Music en medio mundo, o la película musical de mi amigo Júpiter (Jupiter´s Dance)
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4 Comentariospor ahora:

  1. Grande Marcos. Tener a un representante como tú es un lujazo para todos nosotros. Una historia increíble, divertida, sensible… Si te falla la armónica tienes futuro escribiendo.

  2. Marty McFly Marty McFly dice:

    Me quedo con los contrastes cuando vuelves y los músicos protestando por una válvula ya en Europa. Nos vendría bien a todos un viaje así para bajar humos y centrarnos en lo importante

  3. Miguel dice:

    Gran experiencia musical y vital. Más de uno debería pasar por ellas. Gracias Marcos. Vamos a por ese documental del que hablas.

  4. Elza Scarlett Elza Scarlett dice:

    A mí me gustó lo de los “brothers”, jajaja, me imagino su cara de sorpresa al ver a los otros en plan incendiario con la guitarra

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