Made in Galicia (retrato de un sistema musical vampírico)

Made in Galicia (retrato de un sistema musical vampírico)

, 18 de diciembre de 2015

Este relato está basado en hechos reales. Y pese a que puede parecer increíble, es algo que sucede a menudo con las bandas de Galicia, una historia contada en primera persona por un músico que podrías haber sido tú, o yo, y que queremos evitar que siga sucediendo por todos los medios

Suena el despertador. No es domingo. Cojo el móvil. 263 mensajes. Me llamo M.A.B y soy adicto a la música. Estoy muy crazy lo reconozco. ¿Quién en su sano juicio tendría hoy en día una banda de R&R? Si quisiera alcanzar la fama tendría que chupar un martillo a lomos de una bola de demolición o llenar mis letras de “Baby, baby”.
Estoy escribiendo con mis manos distorsionadas para no ser reconocido. Anonimato absoluto. Este mundo es muy caníbal. La música más si cabe. La verdad es que no me metí en esto de las bandas buscando la fama o el dinero (aunque este sea necesario para sobrevivir por muy “auténtico” que seas). Hay que pagar local, equipo, etc.
263 mensajes. El grupo. Leer o no leer.

  • Tenemos bolo este sábado en Allaríz.
  • ¿Así de repente?
  • Sí. Nos pagan con la taquilla.
  • ¡Uff!. ¿Tocamos solos o con algún grupo de allí?
  • Solos pero el local dice que lo va a mover mucho.
  • A ver si metemos al menos a 30 personas o palmaremos pasta.
  • Al menos no pagamos el alquiler de la sala, solo 50 euros del técnico si metemos a más de 40 personas. La entrada es a 3 euros.
  • Vamos allá.

Tenemos nuestro ego no lo niego pero creo que la cuestión va más allá. Es una cuestión de pura supervivencia. Al igual que el empresario hostelero tiene que pagar un local y mantener nóminas cuidando la pela hasta el último céntimo, un grupo de música debe plantearse la misma cuestión. Incluso si su ámbito de influencia es puramente local al final de mes hay gastos.

Ayer por la noche se nos fue un poco de las manos. Me duele la cabeza. Es lo que tienen estas fechas. Mucha gente regresa del éxodo forzado.

Nos plantamos en Allariz con una banda amiga. Llegamos al local y ni un mísero cartel en la puerta anunciando el concierto. El que organizaba el bolo estaba en su casa. El dueño del local ese día era sueco. No sabía nada. Por las calles cercanas nada que anunciara el evento. Le preguntamos al promotor y dio largas. Moraleja. Cinco entradas vendidas. Perdimos dinero. ¿Otra vez?
Caímos en la típica situación trampa: Grupo con cierta solera se viene desde Dublín cobrando un caché. No sé, ponle 600 euros. Como hacen una gira por varias ciudades el precio se puede negociar. (Fuente: Me lo saco de la manga.net). Dicho grupo cancela el concierto en Pontevedra por indisposición del batería. En vez de cancelar el concierto se recurre a un plan B. Se llama a una banda autóctona. ¿Se le paga el caché? No. Error. Cena y taquilla. Buenas noches. Gracias.

Los del grupo y yo coincidimos en que si no cobras no puedes mantener a una banda y girar por la geografía gallega o nacional. La “música no puede ser gratis”. Como arte que es, sea una gran cagada o una sublime sinfonía, exige horas de trabajo y esfuerzo. Este arte puede generar en el público endorfinas excitantes o volverte verde Hulk. Reunión de grupo:

– Lo que quiero decir es que debemos ponerle un precio aunque sea simbólico a nuestro trabajo que nos permita continuar el camino.- no podemos seguir así. Nos toca en lo más sensible. Sí, las partes nobles.

– Hoy nadie habla de calidad musical estrictamente -, les comento. –“Como eres de aquí te puedo exprimir más. Es la sensación que tengo”.- Se les da mucho bombo a las bandas de fuera mientras que las de aquí, nos lo tenemos que currar todo nosotras. Es lo que deduzco de las conductas y posicionamientos de algún promotor cultural. La industria ha cambiado y alterado el frágil ecosistema en el que sobrevivían las bandas sin nombre mediático.

Hasta aquí el relato, y estas nuestras conclusiones:

Aquí tenemos una de las claves me temo. Los tentáculos de la industria (no hablemos ya de Bisbales o Vetusta Morla porque es otra historia) que antes se enriquecía con venta de discos y royalties busca ingresos en los circuitos locales. Esto, que puede ser muy bueno para algunos, es un freno para todo el talento que late en las ciudades y no encuentran su oportunidad.
Miles de euros invertidos, cientos de horas al año empleadas para componer y ensayar, miles de kilómetros en la carretera, dejar de estar con tus seres queridos o pasar horas al fresco colocando carteles por la ciudad es valorado por algunos “promotores de arte” con una cena frugal y a lo mejor, una taquilla aligerada por una mala difusión.
Equilibrio. Equilibrio entre ingresos y gastos para todos. No puede ser que a ese amigo por poner un ejemplo, tocar en Ourense esa noche les haya supuesto poner de su bolsillo 150 euros (dormían en casas del grupo local) ¿Pagar por tocar debido a la falta de profesionalidad y ética de quien hace negocio de esto? No señores no. Si usted se esfuerza y se lo monta bien ganará algo de dinero al acabar la noche. ¿Qué no le compensa el esfuerzo? Bien, ya estamos pensando parecido. Esa misma pregunta nos hacemos muchos en nuestras bandas. Puede más la adicción.
Entiendo que la situación está jodida. El IVA cultural ha sido un palazo. Llevo metido en bandas más de 20 años y me gusta escuchar mucho a quienes saben más que yo de esto. Valoro positivamente el esfuerzo de muchos locales de nuestra comunidad y promotores que intentan que Galicia no muera. Su trabajo es digno de alabar. Gracias a todos ellos, sinceramente.
He vivido muchas experiencias gracias a la música. He tocado en algún festival. Nos han llovido insultos y alguna botella. Nos han dedicado elogios y aplausos. Nos han ofrecido una humilde cena que supo a gloria bendita por tocar para una ONG o una Asociación juvenil. Nos han pagado generosamente por nada y nos han pagado nada por mil horas de trabajo.

Sin embargo seguimos aquí. Puede que esos “buitres” sigan años y años metidos en esto e incluso sean alabados desde el exterior por su aparente labor de promoción musical.
Lo que tengo muy claro es que por el camino habrán quedado decenas de buenos grupos que se negarán a continuar colaborando con ese “sistema siniestro” aunque suponga perder oportunidades de llevar su arte a un escenario. Es el precio que pagamos nosotros además de lo anteriormente comentado. Ellos seguirán ahí mientras nosotros no seamos capaces de superar sus chantajes y amenazas veladas.

 

 

5 Comentariospor ahora:

  1. La realidad supera a la ficción, lamentablemente. Al menos nos hace pensar en lo que hay tras los conciertos, y entre todos podemos hacer que estas cosas no vuelvan a pasar. Comercio justo también en la música!!

  2. Nacho Fraga dice:

    Si se quisiera se podría crear un mercado sin ayudas institucionales que generará moderadas ganancias para todas las partes interesadas simplemente utilizando las redes como plataformas de visibilidad. Dichosos prejuicios pasivos dd la gente. Una cartera de bandas bien nutrida y una red de salas asociadas para empezar y todo ello festonado de forma de realizadoras coordinar y llegar a todas partes a través de los festivales

  3. Nacho Fraga dice:

    Jajajaja un servicio de gestión centralizado de eventos donde organizar bolos y conciertos entre un conjunto de bandas y salas de conciertos asociadas . Tú como gestor de ese servicio cobrarías una comisión. Realmente no es nada nuevo. Pero sería mejorar la gestión y trabajar con bandas desconocidas pero con gran potencial. Lo malo es que los dominadores de ese mercado como dice Miguel te echarían a patadas con métodos ilegales y disuasorios casi siempre…

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