Vestuario de Cine. Ese gran desconocido que todos admiramos

Vestuario de Cine. Ese gran desconocido que todos admiramos

, 13 de febrero de 2016

Con el anterior artículo sobre la llamativa especialidad de Arantza Vilas como responsable de una parte del vestuario de Juego de Tronos, nos colamos entre las bambalinas del trabajo escénico de una serie o película. Nos dimos cuenta de la importancia y trascendencia del vestuario y del complicado trabajo de ser creador del diseño para la definición de la puesta en escena de las secuencias y ambientaciones de una película. De su importancia como medio para la caracterización de los personajes y, a partir de ellos, del espacio o lugar donde transcurre la trama.

El vestuario a veces tiene un papel secundario en esa trama e imagen cinematográfica y solo completa lo que visualmente quiere expresar el director a través de los personajes del film, pero otras veces es determinante para que una película, serie, videoclip o documental goce del favor del público y su éxito esté a la altura, e incluso supere, las expectativas de recaudación o audiencia de sus creadores y productores. Si un trabajo de vestuario es anacrónico o no es el esperado por el espectador puede condenar un buen guión o una buena interpretación a los infiernos del séptimo arte.

Todo empieza con un trabajo exhaustivo de investigación y documentación según el ambiente, época y lugar que se quiera plasmar en la película. El o la responsable del desarrollo del vestuario no sólo debe ser como un creador de moda y vivir de su inspiración y genio creativo, sino que además debe saber recrear a partir de diferentes y heterogéneas fuentes de información ese ambiente y esa indumentaria a través de un gran trabajo arqueológico. Debe ayudarse, para gestionar tan minuciosa y compleja actividad, de un equipo de verdaderos artesanos de artes textiles tradicionales, verdaderos especialistas para convertir en realidad esos suntuosos vestidos que nos imaginamos, en realidad muchas veces soñados en nuestra imaginación, y que vemos en numerosas manifestaciones artísticas que nos hablan de momentos esplendorosos del pasado, todo ello buscando el más exhaustivo y detallado parecido con la realidad que se quiere plasmar en las pantallas. El asesoramiento de expertos en Historia e Historia de Arte, que ayuden a definir esa buena ambientación para que sea coherente con la realidad del pasado documentado, es vital e irrenunciable.

El traje puede introducir elementos simbólicos, metafóricos o abstractos. Tiene que convertirse en la segunda piel del actor. El actor tiene que integrarlo en su interpretación, mimetizarlo en su personaje. El traje es una herramienta imprescindible para que un actor pueda identificarse con el personaje. Le permite y le ayuda a socializarse y a coordinarse con el resto de los personajes e integrarse en esa recreación dramática determinada. Es una fuente de información para el público, no solamente del aspecto exterior, sino también del carácter de ese personaje y de la época donde se desarrolla la acción dramática. Le introduce en un universo que ya no existe pero del que tiene múltiples referencias y eso requiere una elaboración exhaustiva en la selección de los diferentes tejidos y sus texturas, la selección de joyas y accesorios, la selección de los tonos y colores, que ayuden a dramatizar de forma verosímil la acción, a través de mayor intensidad para construir y definir la personalidad de ese personaje dotándole de la mayor, clara y autónoma puesta en escena para que sea reconocible por el espectador. Solo tenemos que pensar, por ejemplo, lo decisiva que es la indumentaria para definir la caracterización de los personajes de cómic. Hasta el punto que puede quedar fuertemente asociado en una película incluso al actor o actriz que le da vida en la imaginación y en el recuerdo posterior del público. Dando lugar a indumentarias asociadas o todo un vestuario verdaderamente famoso e irrepetible, seguro que se os vienen s la cabeza multitud de ejemplos. Definir el ambiente de una época histórica o un mundo autónomo utópico o ucrónico creado ex profeso en todos sus elementos es un trabajo arduo que requiere nuestro reconocimiento. Podemos recordar el fastuoso vestuario “dieciochesco” de Sentido y Sensibilidad (1995), el utópico y personal de La Naranja Mecánica (1971) o el  futurista de la Guerra de las Galaxias (1977), ) o el Quinto Elemento (1997); este último desarrollado por el modisto Jean Paul Gaultier. Evocar la antigua Grecia micénica recreada maravillosamente en Troya (2004) por James Horner, el trabajo de Sandy Powell en El Aviador con un vestuario propio de los felices años Veinte… Hay tantos y tantos ejemplos. Algunas soluciones han tenido tanta repercusión que su influencia e inspiración ha llegado a la calle. El cine, siempre fiel a su prioritaria presencia en nuestra sociedad de consumo y su impacto cultural.

El final de esta historia es doble; desde la creación del universo iconográfico de Hollywood, en el que a partir de los años Veinte y sobre todo de los Cincuenta se difundió la imagen de los actores como modelos de elegancia o sofisticación, en el que la indumentaria que llevaban y los caracterizaba era el centro del estilo de la época, buscado conscientemente. Se convirtieron en referencias de imitación para las masas que acudían y que acuden desde entonces al cine, o que sigue todo lo relacionado con ese mundo de ensueño para la mayoría de los mortales. Sólo hay que pensar todo lo que suponen iconos como Marilyn Monroe y Audrey Hepburn, creando un estilo personal y particular que no para de recrearse y reinterpretarse constantemente como tendencias que vienen y van en el mundo de las pasarelas de Moda. Solo hay que recordar el impacto en la imagen y la moda de Salvaje (1953), donde Marlon Brando se convirtió en todo un icono y creador de toda una cultura urbana rockera y rebelde que llega hasta nuestros días. Los mejores diseñadores y directores creativos de todas esas firmas y ateliers, que todos admiramos, han empezado, desde los años Noventa del siglo pasado sobre todo, a buscar ideas e inspiración para sus colecciones en el legado histórico de vestimentas. Imbuyéndose de grabados, pinturas y textos literarios de todas las épocas. Un ejemplo muy claro es la tendencia estilística que lleva Valentino desde la retirada de su creador en 2007, con la nueva dirección de María Grazia Chiuri y Paolo Piccioli, donde la evocación y la apelación a la Historia de las vestimentas y el modo en que se utilizan los métodos y herramientas de trabajo desarrolladas por los equipos de diseño y creadores de los vestuarios de cine es evidente. Un recurso a estilos Renacentistas del Cinquecento rafaelista, o Prada y su división Miu Miu recreandose y sumergiendose en el estilo de ropa de los Setenta de una forma novedosa y satisfactoria.

Es la creación de vestuarios por tanto una actividad y una forma de trabajo cada vez más importante, una salida cada vez más recurrida para desarrollar ideas fuera del cine o el teatro, y es ya vital para que la rueda de la Moda continúe su movimiento continuo. Está de moda, es tendencia.

 

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