Ping Pong the Animation; Anime para Connoisseurs

Ping Pong the Animation; Anime para Connoisseurs

, 7 de mayo de 2016

Si nunca has visto anime o sólo superficialmente, aléjate de esta serie aunque seas un loco del ping pong. Si quieres un anime que te rompa el cerebro y te enseñe nuevas vías de contar una historia, lo encontraste.

Contrariamente a lo que se suele pensar, el ping pong no nació en Asia pese a ser uno de los deportes más populares en países como China, India o el propio Japón. Curiosamente en japón ni siquiera lo llaman Ping Pong, sino Takkiuu (tenis de mesa). Pero dejemos las chorradas generalistas sobre un deporte de 4 amigos y veamos qué pasa con esta serie que la hace tan diferente a las demás:

Para empezar hablaré del autor del manga original (Pin Pon) de Matsumoto Taiyo; un mangaka totalmente diferente que basa su éxito en un estilo único y personal que se escapa totalmente de los cánones clásicos del manga. Su trazo fino, su mano temblorosa, sus proporciones más pendientes de transmitir emociones que de respetar las leyes de la armonía le hacen entrar en el terreno del surrealismo, siendo su obra tachada de «atípica e intrigante». Un genio como pocos autor de clásicos como Tekkonkinkreet (llevada a la gran pantalla por Michael Arias) o Takemitsu Zamurai.

En la mini serie (consta de sólo 11 episodios que no llegan a los 20 minutos) el autor nos presenta a una serie de personajes cuyas vidas tienen el nexo común del tenis de mesa. Dos de ellos, amigos desde niños (Peko y Smile) forman el eje central de la serie. Su infancia, sus dudas en la vida, sus vivencias internas y sus fantasías forman un camino en espiral que avanza en varios tiempos mientras se desarrollan paralelamente. De esta manera podemos ver como Smile desarrolla 4 historias a la vez: La de la niñez, su primer contacto con el tenis y de cuando conoció a Peko, la de su mente, de como la fantasía se va a apoderando de él a través de un personaje que es él mismo y se muestra en pantalla como un robot gigante despiadado y sin sentimientos, la de su candidez como jugador en sus inicios de cara a ser profesional y cómo su personalidad le limita para ciertas cosas, y la actual, de como se desarrolla como jugador con sus entrenamientos, tácticas y competiciones. Estas 4 líneas temporales avanzan paralelamente para ir desvelando detalles que el autor sabe ir ocultando y enseñando de modo sutil para conseguir que el factor sorpresa y la empatía hacia el personaje no decaigan, si no que aumenten y den peso y fuerza a la historia a la vez que nos dejen boquiabiertos en cada descubrimiento o avance.

Al margen de la historia de Smile y Peko, tenemos otras 3 joyas en Ping Pong the animation. La historia de Kong; un jugador profesional chino obligado a emigrar a tierras niponas por sus malos resultados; que pasará de valorar sólo la victoria por encima de todo y verse como un ser superior entre personas ridículas a acabar restándole importancia a la competencia y aprendiendo y enseñando lecciones de vida. La maravillosa historia de Agami, que un buen día pierde un partido de Ping pong y piensa que no es lo suyo, hace la maleta y se pone a vagar por todo el mundo buscando su lugar cual asceta místico, dejándose llevar por el tiempo y los elementos mientras profundiza en lo más hondo de su ser (y su historia seguirá teniendo relación con la línea principal, por increíble que parezca, sin conocer personalmente a los protagonistas). O la historia de Sanada, el exigido capitán del equipo más fuerte de Japón, un animal creado a base de golpes y entrenamientos absurdos sólo para ganar, que sufrirá una dura transformación durante el desarrollo de la historia para revelarse como un niño desprotegido, falto de atención y lleno de buenos y nobles sentimientos.

Si por ahora te parece convencional es que estoy haciendo fatal la reseña, pero es que no quiero desvelar partes decisivas ni estropear a nadie la experiencia. Si hay algo que resulta llamativo en Ping Pong the animation es el arte. Nunca había visto un anime que tuviera tantos detalles visuales destacables fuera de la acción principal; se nos presenta un universo vivo, lleno de pequeñas anécdotas que rodean la acción, que aparentemente no tienen nada que ver pero que al final cobran sentido de manera casi mágica sin ser parte del guion. El anime no respeta las proporciones, las altera, aumenta lo que el autor quiere destacar, cambia sus colores primarios, se vuelve oscuro y estridente por momentos y además no siempre recupera la calma. No hay un estado de confort al que volver viendo la serie, los trazos se presentan torcidos, irregulares, los colores no combinan alegremente y los escenarios se deforman, aíslan las escenas de los fondos para hacer sufrir a los espectadores. Gloria bendita cuando estás aburrido de los animes deportivos de chicos y chicas guapas y de proporciones angelicales y escenarios realistas tomados de fotografías de emplazamientos reales.

Una serie que gustará u horrorizará a los fans por partes iguales pero que no dejará a nadie indiferente. Una serie que deja un grandísimo final de historia; una serie de personajes que difícil será que olvide (especialmente después de la segunda vuelta que le voy a pegar) y que me hará buscar en el baúl trabajos pasados de Matsumoto, no vaya a ser que me deje alguna otro joya de estas dimensiones por el camino.

No hagáis como yo, no os asustéis por esa animación tan dura y no esperéis tanto tiempo a disfrutar de esta serie. Os dejo el opening aquí para meteros el miedo en el cuerpo:
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