Stranger Things (sin spoilers)

Stranger Things (sin spoilers)

, 7 de agosto de 2016

Me prometieron una aventura tipo “Los Goonies” y me encontré una serie de ciencia ficción a lo “twilight zone” pero con niños. Lo pasé bien viéndola pero esperaba mucho más.

La añoranza es un arma poderosa, siempre que se use de manera adecuada. Y es que analizar Stranger Things basándome en sus “guiños” a los años ochenta no sería hacerle ningún favor, por varios motivos.

El primero y más importante es que el argumento de la serie se sostiene sobradamente sin necesidad de apuntar que la clave de su éxito es la ambientación. Es una historia con buen ritmo, que mantiene el interés y la intriga en la mayoría de sus fases  y, aunque apuntaba a un final mejor, el punto trágico y el aroma a final abierto que desprende en el último episodio han acabado por convencerme de que estamos ante una pequeña gran serie.

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¿De dónde se inspirarían para hacer el cartel?

El segundo, también vital, es el desarrollo que rodea a uno de los principales personajes; Once. Un descubrimiento de actriz infantil y un personaje nada sencillo de abordar, capaz de generar todo tipo de sentimientos en el espectador y hasta de deslumbrar en las escenas culminantes, así como su perfecta interpretación en los momentos álgidos. Ha nacido una nueva estrella de la pantalla, veremos hacia donde enfocan este talento.

El tercero es la manera de relatar la historia, llena de viajes en el tiempo, giros narrativos, espacios para la imaginación y zonas “oscuras” que permanecen así hasta el final para generar cierto debate sobre las posibles interpretaciones personales (me encantan que no nos lo den todo tan mascado).

El tema de los homenajes a los ochenta y a la temática friki quizá sean lo que menos me gustó de esta serie. No tanto por cómo están integrados, si no por lo facilón de los conceptos y lo ajeno que resulta a veces el mundo americano que nos relatan en el cine (en las series en este caso). Letras a lo Stephen King, posters de The Evil Dead, imágenes de “la Cosa” de John Carpenter, juego de rol Dragones y Mazmorras (no había otro en los ochenta, Call of Ctulhu, Stormbringer, El señor de los Anillos, RoleMaster; D&D es de los 70), canciones de The Clash, Toto, Joy Division, bicis BMX… Todo material aparentemente salido de una primera lluvia de ideas o de los resultados de la primera página de una búsqueda en Google de “años 80”.

Aún así el conjunto es resultón, los niños molan y la historia tiene bastante miga y algunos momentos increíbles de acción y tensión (contados, no se pasan la serie usando poderes especiales, pero cuando lo hacen mola que te cagas). Quizá el Hype (eso que hacen los amigos cuando te cuentan que algo es alucinante y te aseguran una experiencia única a priori) me jugó una mala pasada y esperaba mucho más. Mi mente calenturienta pensó en montones de finales increíbles durante el desarrollo que podrían haber elevado la producción a obra maestra de culto, pero probablemente habrían arruinado el factor comercial. Otro día hago un “con spoilers” y os lo cuento para que podáis apreciar la magnitud de mi demencia Friki. Aún así, quedé satisfecho con la experiencia y se me hizo bastante entretenido en general. ¿Obra maestra? Ni de coña. ¿Buena Serie? Sí, por encima de la media, se disfruta en formato maratón y con cuanta más gente mejor.
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