La estafa de la Industria del Entretenimiento

La estafa de la Industria del Entretenimiento

, 24 de agosto de 2016

Aburrida, tediosa, mal preparada, excesivamente cara, carente de ideas frescas, repetitiva hasta los huevos… Y aún hay gente que la defiende como si fuera su familia. Bienvenidos al entretenimiento del siglo XXI.

Antes de empezar a descargar todas mis teorías conspiranoicas quiero dejar claro lo que considero Industria del Entretenimiento o Showbusiness: Conjunto de EMPRESAS e instituciones, cuya principal actividad económica es la PRODUCCIÓN DE CULTURA con una finalidad LUCRATIVA. Incluímos en esta industria medios de producción cultural como la Televisión, la Radio, los diarios o revistas, el cine, los videojuegos, el teatro, la danza, la música o el cómic.

El problema de base llega con la definición misma, cuando llego al punto donde pone “producción de cultura“, y ahí está el problema, que la cultura se produce; se crea para dar dinero. No hay interés real en encontrar nuevos valores si no en conseguir beneficio incluso antes de que exista el hecho cultural. No hay un mecenas que descubra a un artista y le impulse por amor al arte. Se crea primero la infraestructura comercial y luego se moldea el producto que se ajuste al tipo de público o cliente al que se quiere dirigir el negocio.

Esto que leéis no os coge por sorpresa ¿verdad? es algo que siempre ha sido así, estaréis pensando. Pues no; la cosa ha empeorado a niveles insospechados y sobrepasa el umbral de la tolerancia, ya que la industria del entretenimiento es, actualmente, la mayor de las industrias a nivel mundial. La mejor de las inversiones y la más prolífica en cada una de sus formas. ¿Queréis saber por qué? Seguid leyendo.

Tras la “crisis” de la banca y la caída en picado de la industria del ladrillo, la aparición de las energías alternativas (que provocarán la caída absoluta del petróleo en nada) y la desaparición de los fondos de inversión “seguros” o las empresas aval, ya no existen inversiones que garanticen rendimiento ni a corto, ni a largo plazo. Pero los “ricos” tienen que hacer algo con su dinero, invertirlo, moverlo, donarlo a ONGs, hacer obras benéficas, comprar bienes… o invertir en Arte.

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Las ventas de discos caen en picado mientras que las inversiones se disparan

La inversión en Arte y Entretenimiento se ha convertido en el foco de las empresas de inversión. No hay una mejor apuesta en el mercado que la de fichar artistas, financiar proyectos culturales, apostar por valores en la televisión y el cine o apoyar a sellos discográficos. Son inversiones mínimas (para la gente que mueve los hilos) que se beneficiarán de sus modelos de negocio en activo y que, si tienen éxito (éxito que se puede provocar a base de insistir) pueden hacer que dichas “apuestas” se revaloricen, se disparen y se conviertan en nuevas industrias millonarias como lo son Beyoncé, Babymetal, Juego de Tronos… (tened en cuenta que estoy poniendo ejemplos de cosas decentes y que la industria está repleta de basura infumable). En caso de que no se encienda la mecha da igual, siempre habrá otras inversiones paralelas y en el peor de los casos quedarán como auténticos mecenas y podrán celebrar galas y banquetes en su propio honor por su labor en apoyo a la cultura.

Hasta ahí todo bien (no hombre, mal, es horrible, juegan con nuestra inteligencia y nuestros valores). El problema se agrava cuando vemos que los propios inversores luego son los mismos que mueven los medios de comunicación, que casualmente también forman parte de la misma industria. Ya no se trata de hacer o encontrar un material de calidad que guste al público. Se trata de insistir en todos los medios y llegar al máximo posible de audiencia para que el material artístico vaya calando en la mente de las personas que pasan por dichos medios. Vamos a ver un ejemplo:

Si tienes un grupo musical y tocas ante una audiencia de 100 personas y sólo convences a una dirías, probablemente, que ha sido un fracaso (a menos que esa una sea tu madre, en ese caso al menos te habrás ganado doble postre en la próxima comida familiar). Pero para la Industria del mal Entretenimiento es un porcentaje buenísimo, ya que su objetivo no es que gustes a la mayoría o a una buena porción de la audiencia, si no de que tu música, tu danza, tu juego, tu corto cinematográfico alcance a una cifra descomunal en términos de población. ¿Qué pasa si gustas a uno de cada cien pero llegas a 3.000 millones de personas? Enhorabuena, acabas de hacer 30 millones de fans; negocio redondo.

Todo sigue encajando en los planes de algunos, pero aún no he hablado sobre cómo funciona la selección de artistas. Esto no va de un millonetti dueño de una productora que por la calle se encuentra a un chaval tocando la guitarra. Se trata de un holding que llega a la reunión del lunes con fríos datos y dice: Tenemos una base de datos de 5.000.000 de varones locos por el fútbol y las tetas gordas sin explotar en la industria del entretenimiento; necesitamos a una artista que se haya liado con Cristiano Ronaldo (o con Messi, o con Kobe Bryant o con la mascota de los juegos olímpicos), que tenga las tetas gordas y que cante canciones que los borrachos puedan entonar en una tasca. ¿Qué es más fácil? ¿Encontrar una artista que cumpla esas condiciones o crearla de la nada? La respuesta es evidente.

Todas las búsquedas de inversión de la Industria del Entretenimiento van enfocadas a cumplir un objetivo comercial, ya lo pone en la definición. De esa manera no se busca un artista, se busca un chivo expiatorio, un burro del que reírse, un foco donde concentrar todas sus acciones comerciales, un seguro de éxito que minimice el riesgo de la inversión. Por eso no avanzamos, no innovamos, la gran mayoría de la gente que consume productos de entretenimiento se empacha de refritos, productos sin alma, cosas que ya conoce. Lo lamentable es cuando nos empezamos a sentir afines a todos estos falsos “héroes” que han nacido de nuestras necesidades más básicas como consumistas y dejamos de prestar atención a los verdaderos héroes. que son los que tocan en la calle cada día mientras llevamos puestos en nuestros auriculares las emisoras de moda o los nuevos “hits” del verano, que aunque se disfrazan de modernos, siguen siendo la misma mierda cada año.

Así que ya sabes, si escuchas o ves algo que te suena haber experimentado anteriormente… Huye!

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Podríamos estar viendo estas películas cada dos años en formato “renovado” y a nadie le importaría un carajo

P.D. No hay que perder la esperanza, ni deprimirse por este “matrix” en el que vivimos, sólo hay que aspirar a saber reconocer nuestros propios gustos, sin dejarnos influir por los Mass Media. Que otro día os cuento algunos de los secretos del mundo editorial y ahí sí que vais a abrir los ojos y todos los orificios del cuerpo para exclamar “OH MY GOD!!!”

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